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¡Día Mundial de la Alimentación!

Urge proponer modelos que integren y articulen los intereses de los sectores de gobierno, privado y sociedad civil hacia el bien común sobre la base de la protección de los derechos fundamentales de la persona e impulsando la competitividad.

Por: Mónica Saavedra

 

El 16 de octubre de cada año se conmemora la fundación de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura  (FAO) en el año 1945.

Más de 150 países celebran en todo el mundo; sin embargo, más allá de las celebraciones, el Día Mundial de la Alimentación debe ser un día de reflexión y búsqueda de alianzas y compromisos para alcanzar el Objetivo de Desarrollo Sostenible (ODS) 2 – Hambre Cero en 2030.

El futuro está a un paso y las cifras no son favorables. Hasta el 2014, la pobreza y la pobreza extrema presentaron una tendencia decreciente iniciada alrededor de 2002; sin embargo, en 2015 se registró un alza. El alza significó el incremento de 10 y 8 millones de personas en situación de pobreza así como 6 y 7 millones de personas en situación de pobreza extrema, en los años 2015 y 2016.

 La Comisión Económica para América Latina y el Caribe – CEPAL ha calculado que aproximadamente 186 millones de personas se encuentran en situación de pobreza en la región, lo que representa 30.7 % de la población. De manera igual, la pobreza extrema llegó al 10% en 2016 (61 millones de personas), un crecimiento de 2% en comparación con 2014. Los más vulnerables son los niños y niñas, adolescentes, jóvenes, mujeres y la población que reside en áreas rurales.

Según la FAO, el número total de personas que sufre hambre en la región ha aumentado, revirtiendo décadas de progresos. A la vez, el sobrepeso y la obesidad se han convertido en un problema de salud pública, que convive en países como el nuestro con la anemia y desnutrición.

Así, en el 2016, alrededor de 42,5 millones de personas no contaron con la cantidad suficiente de alimentos para cubrir sus necesidades calóricas diarias. Esto supone un aumento de 2,4 millones de personas (6% más que en 2015).

Si bien los niveles de hambre siguen siendo bajos en América Latina y el Caribe en comparación con el resto del mundo, hay señales de que la situación se está deteriorando, especialmente en Sudamérica, donde el hambre creció del 5% en 2015 al 5,6% en 2016.

Una mirada al futuro no muy lejano nos plantea un gran desafío, sobre todo para el sector agroalimentario y agroindustrial, ya que se debe satisfacer las demandas alimentarias de 9 mil millones de seres humanos en el 2050 y, en paralelo, procurar la sostenibilidad, considerando que se calcula que el aumento de alimentos, piensos y fibras, deberá de ser en un 60%.

Es momento de repensar rápidamente en estrategias que permitan desarrollar y fortalecer sistemas productivos eficientes y sostenibles, así como impulsar las alianzas estratégicas para combatir la malnutrición en todas sus formas: hambre, desnutrición, anemia y obesidad, sobre todo en nuestro país donde coexisten.

El desarrollo sostenible exige esfuerzos concertados del sector público, privado y sociedad civil para construir un futuro inclusivo, sostenible y resiliente para las personas y el planeta; el uso de tecnología para mejorar la productividad, almacenar y transportar los alimentos, así como para reducir las pérdidas y desperdicios. Todo ello permitirá contribuir al bienestar general de nuestra sociedad actual y generaciones futuras, a través de la disponibilidad y acceso seguro a una alimentación balanceada, inocua y sostenible promoviendo estilos y entornos saludables.

Publicado: 16/10/18

Expertos informan

Mónica Saavedra

Mónica Saavedra

Profesional con más de 20 años de experiencia en seguridad alimentaria nutricional e inocuidad, gestión de la calidad y regulación, así como en salud ambiental.

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